Elige la paz

 

Algunas personas viven aceleradas y angustiadas porque tienen muchas tareas, o porque deben cumplir con un trabajo muy exigente. Entonces esos deberes son una excusa perfecta para vivir penetrados por la prisa, perturbados, corriendo la loca carrera del nerviosismo y la ansiedad. Pero puede suceder que pierdan su trabajo, o que de golpe sus actividades se reduzcan  notablemente. Sin embargo, igualmente sigue presos de la ansiedad y la agitación interior, impacientes, permanentemente inquietos.

Han decidido que ellos son así, que ése es su ser, que la ansiosa excitación es parte de su naturaleza. Entonces se llenan de intranquilidad por una puerta que hace ruido, o creen que es urgente barrer el patio, o sienten un gran trastorno si tienen que esperar veinte minutos para que el arroz esté listo, y se perturban y alteran cuando tienen que esperar que el médico los atienda, aunque no tengan que hacer nada urgente después.

Entonces Jesús podría hacer oír su voz: “Marta, Marta, te inquietas y te preocupas por muchas cosas…” (Lc 10,41).

No te das cuenta de que el problema no es la vida que está mal, no es el mundo que no te respeta, no es la realidad que es demasiado lenta. El problema es tu interior, envenenado por ese profundo trastorno que se apoderó de todo tu ser.

Eso sólo se sana intentando vivir de otra manera, eligiendo la paz, quitándole importancia a tantas cosas que no son tan urgentes ni necesarias. Pero, especialmente, se cura dándole el centro de tu vida al único Señor.

VMF