Amor de Dios

 

En los Salmos leemos cantos al amor de Dios que nos hablan de delicias, de vida, de felicidad: “¡Oh Dios, que precioso es tu amor! Por eso los humanos se cobijan a tu sombra… Calman su sed en el torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente de la vida” (Sal 36, 8-10).

“Tu amor vale más que la vida, te alabarán mis labios… Quiero bendecirte con mi vida y levantar las manos en tu nombre, empaparme de tus delicias y alabarte con labios felices!” (Sal 63, 3-6).

El Señor me llama a disfrutar de su amor. Es un gozo espiritual, distinto de los demás placeres de este mundo. Es verdad que no puedes tener una conciencia permanente y continua de la belleza de ese amor porque a veces te perturban tus estados de ánimo, tus problemas de salud, o tu mente está ocupada con muchos problemas. Pero el Señor quiere ofrecerte algunos momentos de paz, donde te serenes un poco, te dejes amar por él, disfrutes de su hermosura y te dejes tomar por su fuego divino.

Si logras vivir esos momentos, aunque luego estés muy ocupado con tareas y dificultades, podrás experimentar en tu corazón una profunda seguridad, como diciendo: “Aunque en este momento yo no me pueda detener y no lo pueda reconocer, yo sé que el amor del Señor es real, que él existe, que él está conmigo, y que es maravilloso”.

VMF