Vivamos en confianza

En el corazón pueden habitar muchos miedos de todo tipo. Procuremos entregar a Dios todos esos miedos, pidiéndole que sane el corazón, que lo afiance, que lo llene de confianza, que lo desate, que lo libere de los malos recuerdos.

Quizás le tenemos miedo a los espacios abiertos, o a los lugares cerrados, al fuego, a la oscuridad, al frío, al agua, a las tormentas, a los terremotos, a tantas cosas, y estamos inquietos temiendo que suceda eso que nos da miedo.

Seguramente hay en la profundidad de nuestra  memoria algo que hemos vivido en el pasado, algún susto que nos marcó profundamente y ha hecho nacer ese miedo. Sería muy importante tratar de descubrir esa raíz de nuestro miedo, recordar aquel acontecimiento doloroso, e imaginar a Dios que se hace presente en aquel instante y nos libera con su presencia, con su luz, con su abrazo.

Pero también pidamos a Dios que nos cubra con su presencia para que ninguno de esos peligros logre hacernos daño. Lo mismo podemos hacer con nuestros seres queridos, entregándoselos para que él los cuide de todos esos peligros variados.

Si vivimos en paz con el Señor y cada día nos entregamos en sus brazos, todo lo que pueda sucedernos se convertirá en algo bueno.

VMF