Leer tu interior

 

Cuando la pulsión de la propia ira te golpee, no permitas que, por tu intermedio, ella golpee con palabras o con gestos a quienes están cerca de ti.

Cuando la veas venir, retírate al interior del cuarto de tu corazón, y allí, si se lo pides, el Dios de la paz te serenará.

El mayor combate no es contra las fuerzas del mal…

El enemigo con el cual te deberás enfrentar, en este día, no se encuentra en otra persona, sino en el hombre viejo que aún habita en ti.

Dios lo sabe, por eso te ofrece su ayuda y te extiende su mano.

Entonces, cuando sientas que las pulsiones negativas acuden a tu mente o a tu corazón en forma de pensamientos, emociones o palabras, dile: “Por tu dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”

 

La envidia y la ira acortan la vida. Las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo. El que tiene un corazón alegre tiene buen apetito: lo que come lo aprovecha. Eclesiástico 30, 24-25

Gustavo Jamut