Que él sea tu centro

Muchos de nuestros problemas y conflictos en las relaciones interpersonales se originan en el egocentrismo que se esconde en nosotros y que aun nos domina.

El “yo” ocupa la mayoría de nuestro tiempo y consume gran parte de nuestras energías.

Qué difícil es descentrarnos de nosotros mismos para centrarnos en Dios, pero, a la vez, qué necesario es poder lograrlo para alcanzar la verdadera paz interior y poder construir un proyecto de vida de manera duradera.

Mientras que, al menos, no anhelemos con todas las fuerzas de nuestra alma luchar contra el egocentrismo del hombre viejo para pasar al cristocentrismo del hombre que en nosotros se debe ir renovando de día en día, no podemos creer que estamos avanzando algo en la vida espiritual.

 

Señor, a quién iremos, sólo Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros sabemos y creemos que Tú eres el Hijo de Dios. Juan 6, 68

Gustavo Jamut