Abrirme a los demás

Los egoístas creen que los demás no son dignos de ser felices. Se trata de una forma muy controladora de mirar a los demás, pensando sólo en las obligaciones que ellos tienen que cumplir, en sus deberes y compromisos, pero sin reconocer que ellos tienen el derecho de ser felices.

Si no estoy interiormente convencido de que a los demás les corresponde una vida con dignidad y felicidad, entonces seré incapaz de escuchar a los demás con interés cuando me hablen de sus gustos, de sus alegrías, de sus deseos. Me parecerán conversaciones sin importancia, porque la felicidad de los demás no está dentro de mis intereses, y yo soy incapaz de alegrarme con los que están alegres.

Para sanar este defecto, tendré que pedirle insistentemente a Dios que me abra el corazón, porque sólo él puede sanar los corazones amargos y cerrados. Al mismo tiempo, intentaré reconocer la nobleza de todo ser humano y me detendré a compartir su vida y a gozar con la felicidad de los demás. La oración y los pequeños intentos de cada día son el mejor camino.

VMF