Mirada de Dios

Cuenta la Biblia que Dios mismo disfrutaba cuando creaba las cosas hermosas del universo. Cuando creó la luz, el cielo y el mar, “a Dios le parecía que estaba bueno” (Gn 1,10). Cuando creó los árboles y todo lo verde también le pareció bien, como diciendo: “¡Está bueno lo que hice!” peces, pájaros, serpientes, etc. Siempre decía: “¡Esto está bueno!” (Gn 1,18.21.25).

Pero cuando creó al varón y a la mujer entonces el mundo le pareció mucho más bello. Sólo en ese momento le pareció que estaba “¡muy bueno!” (Gn 1,31).

Cuando Dios crea a un ser humano, cada vez que se forma un niño en las entrañas de una mujer, para Dios está muy bueno. La mirada de Dios pasa de largo todas las maravillas del universo, los glaciares y las cordilleras, las cataratas y los océanos, porque lo que más lo cautiva es un ser humano, alguien que puede ser su amigo. Por eso mismo, más allá de lo que opinen los demás, tu persona está “muy buena”.

Trata de mirarte a ti mismo con esa mirada de Dios. Pero también trata de reconocer que cualquier ser humano vale más que una cordillera, mucho más que la playa y que todas las estrellas.

VMF