Relación con Jesús

Nuestra relación con  Jesús puede ser muy cercana, llena de ternura y de cariño, o puede ser muy respetuosa, muy cuidadosa, porque lo sentimos muy lejano, muy distante. Para saber cómo nos trata realmente Jesús es bueno contemplar en los evangelios cómo trataba a las personas que lo necesitaban.

Por ejemplo, cuando se encontró con un sordomudo no lo curó deslumbrándolo desde lo alto, con una actuación maravillosa, sino que “le metió sus dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua” (Mc 7,33). Cuando se encontró con un ciego “tomó al ciego de la mano, lo sacó fuera del pueblo, y le puso saliva en los ojos” (Mc 8,23).

Nada de lejanía. Jesús realiza gestos que lo hacen sentir muy cercano, hace cosas que uno sólo haría con alguien muy querido, con un amigo de mucha confianza: te toma de la mano, te lleva a la intimidad, pone sus dedos en tus oídos, toca tu lengua con su propia saliva. De la misma manera quiere tratarte hoy, con esa misma cercanía quiere entrar en tu vida, pero necesita que pierdas el miedo y se lo permitas.

VMF