Fuerza para el cambio

Hay personas que nos parecen admirables. Pero hay una forma de mirarlas que sólo nos entristece, y hay otra forma de mirarlas que nos estimula. Cuando sólo nos moviliza la envidia, no tenemos futuro. Pero hay otra manera de aprender de los que han salido adelante: descubrir que esa misma energía que gastamos en la envidia, puede ser transformada en una sana admiración que nos alegre por lo que hay de bueno en los demás y nos estimule a desarrollar nuestros propios dones.

Más que sumergirse en una triste contemplación de lo que hacen los demás, se trata de dejar despertar un asombro que nos mueva a sacar lo mejor de nosotros mismos. Si nos detenemos a suspirar por una grandeza que nos deslumbra, eso no hace más que anclarnos y frenarnos. El deseo de ser como otros nos impide enfrentar los cambios reales que podríamos realizar.

Porque muchas veces, como no nos sentimos capaces de cambiar completamente de vida, optamos por quedarnos cómodos en nuestra mediocridad, envidiando a otros. Pero lo que te pide Dios es ese cambio pequeño que sí puedes hacer, te pide que tomes esa decisión que sí eres capaz de tomar. Él te da la fuerza para hacerlo. No te detengas.

VMF