Defectos

 

Quizás te preocupe que un hijo tuyo no madure, o puede ser un hermano, un amigo, o tu propia madre. Entonces te preguntarás: ¿Por qué razón tengo que tener paciencia a una persona lenta, que no cambia, que no mejora, que no corrige sus defectos? ¿Por qué tengo que esperar y no puedo exigirle un cambio inmediato? ¿Por qué tengo que dar tiempo a una persona que pone poco empeño para superarse?

Porque hay cambios que necesitan mucho tiempo y apresurarlos no es sano. Sería como pretender hacer abrir una flor antes de tiempo y terminar rompiendo el capullo. Porque los demás son sagrados y cada uno tiene sus ritmos. Porque los defectos a veces son el resultado de muchos años de malos hábitos, de sufrimientos, de fracasos, y eso no puede modificarse mágicamente. Porque no basta una decisión de la voluntad y hace falta un lento aprendizaje. Pero sobre todo porque esa persona es inmensamente amada por Dios, porque es imagen de Dios, porque el Señor le tiene una gran paciencia que brota de su amor de Padre, porque Jesús vive en esa persona. Porque así como Jesús nos perdona siempre y está dispuesto a darnos siempre otra oportunidad, y no se cansa de ser fiel aunque nosotros no lo seamos, también espera que nosotros hagamos lo mismo con los demás.

VMF