Humildad vs. orgullo

 

La humildad es una virtud un poco despreciada, como si fuera una debilidad o una forma de escapar de las discusiones, de los grandes esfuerzos, del compromiso por el bien común. Pero esa es una desfiguración de la humildad. La verdadera humildad es todo lo contrario, porque nos hace fuertes, seguros, decididos. Recordemos cuántas veces las personas dejan de esforzarse en sus trabajos porque no son aplaudidas o reconocidas. Allí el orgullo está debilitando el corazón. Una persona humilde, en cambio, es capaz de seguir entregándose por un ideal aunque los demás no la feliciten. Puede trabajar a largo plazo sin esperar reconocimientos inmediatos.

También puede suceder que una persona orgullosa sea incapaz de dialogar con los demás para defender una convicción, porque tiene temor de perder la discusión y dar una mala imagen. La persona humilde, en cambio, es capaz de defender una convicción con fuerza y valentía sin preocuparse tanto por ganarle al otro o por demostrar su capacidad.

El orgullo nos lleva a desgastar nuestras energías en cosas inútiles, en vanidades y lamentos. La humildad, en cambio, nos vuelve más libres y desprendidos de nuestro propio yo, y así nos permite gastar las energías en cosas trascendentes.

VMF