Intercambio

A veces vivimos como si pudiéramos defendernos solos y nos avergüenza tener que pedir ayuda. Pero la realidad es que siempre dependemos de otros. La sociedad entera siempre depende de otros. La sociedad sólo puede funcionar porque está permanentemente dando y recibiendo, intercambiando dones, valorando lo que cada uno tiene para ofrecer y recibir lo que se necesita.

Si no sé reconocer y valorar lo que recibo de los demás no es porque ellos no tienen nada para enseñarme o para darme, sino porque yo soy incapaz de descubrirlo. Hace falta volverse sensible y receptivo para descubrir que todos, absolutamente todos, tiene algo para ofrecerme, que a través de todos ellos recibo y aprendo mensajes que la vida me brinda.

No puede decirle a nadie que no lo necesito o que no me sirve para nada. Todos los que tengo cerca son instrumentos que Dios utiliza para bendecir mi vida. Y yo soy un instrumento para bendecirlos a ellos. La vida es un admirable y constante intercambio.

VMF