A que sí

No se puede. Ahora no. Eso no. No, no hay. ¿Cuántas veces has recibido un no como respuesta, sabiendo que en realidad correspondía un sí?

– Querría cambiar este producto que compré hace un rato, perdí la factura, pero el envoltorio y la etiqueta de la tienda no han sido tocados…

– ¿Tiene camisas de mangas largas?

– Mamá, ¿puedo ver televisión?

Tantas y tantas veces en tu vida has sabido que la respuesta correcta era sí, y sin embargo tuviste que enfrentarte con un no.

Y tú, ¿cuántas veces contestas que no porque no, sin pensar, sin saber, o sólo por desidia, cansancio o comodidad? Quienes tienen el no en la boca suelen ser personas serias y amargadas, viviendo con el ceño fruncido y el rostro adusto, a la defensiva y discutiendo más de lo que les gustaría y de lo que deberían.

En cambio, adopta una actitud positiva y tendiente a facilitar la vida de los demás. Antes de responder como un autómata que no, piensa cómo podrías hacer para decir que sí. Di que sí cada vez que puedas y si no se te ocurre cómo, al menos cambia ese “no” tajante y lapidario por un “déjeme ver qué puedo hacer”, o por un “déjeme pensarlo”.

Súbete a la onda positiva del “sí, se puede” y verás que así es; no sólo para los otros sino también para ti.

Gabriel Sandler