Ritmo

Imagina un automóvil marchando a 80 millas por hora durante 10 o 12 horas al día, en tercera velocidad. Deteniéndose cada tanto, pero repitiendo ese régimen día tras día, semana a semana, mes a mes.

Antes de que pasara mucho tiempo, el motor fallaría, para terminar fundiéndose y no quedarían muchas opciones: reemplazar el motor por otro nuevo, quizás repararlo, o dejarlo arrumbado en un cementerio de automóviles, convertido en chatarra.

Ahora, piensa en tu ritmo de vida e imagina cómo y dónde terminarías si no pudieses dejar de forzar la marcha. Si no lograses funcionar al ritmo adecuado y a la velocidad que necesitas, sin detenerte regularmente.

Baja un par de cambios y empieza a conducir tu vida enfocando no sólo el rumbo, sino también en el ritmo con el que te diriges hacia allí. Fíjate qué haces a lo largo del camino, y dale lugar a eso que es de veras importante.

¿Estás postergando un llamado a un amigo con el que no hablas hace tiempo? No necesitas esperar a que se enferme, y tener entonces la excusa de saber cómo se siente. ¿Hace mucho que no buscas a tu hijo a la salida del colegio? Hazlo hoy, dale la sorpresa, y en el camino a casa tómense un helado y charlen de sus cosas. ¿Cuánto hace que no sales a cenar o a tomar un café con tu pareja? La plantita del amor necesita ser regada todos los días, no sólo en cada aniversario…

Ir más despacio no significa ser más lento ni llegar más tarde. Muchas veces, ir más despacio significa, justamente, llegar antes y mejor.

 

Gabriel Sandler