La pertenencia de las bancas legislativas

La recreación de la democracia a través de las PASO que en algunas circunstancias se transformaron en los PASES; algunas noticias o informaciones a nivel local nos retrotraen en el tiempo hacia algunos pensamientos o comportamientos de dirigentes y representados que se olvidaron y dejaron de analizar. Las pujas políticas, las confrontaciones electorales, los enfrentamientos legislativos y las consecuencias propias de vivir en libertad, reeditan viejas discusiones como verificar a quién pertenecen las bancas legislativas.

Hay dos instituciones que subrayan la idea de representación popular: el Poder Legislativo y los Partidos Políticos, son los pilares del sistema institucional conforme rezan nuestras constituciones, nacional y provincial.

Ninguna de los mencionados habla particularmente de la titularidad de las bancas legislativas y la legislación sólo orilla el tema al referirse a la elección de los legisladores titulares y de suplentes en el caso de vacantes ( leyes números 16.582 y 19.862, el decreto-ley 6.809/57 y lo expuesto por los constituyentes de 1957). La carta magna sólo se refiere a los casos de vacancia.

Lo importante de destacar es que es el pueblo el que otorga los mandatos y que debe preservarse su voluntad soberana. La formación de los bloques políticos que rigen la vida del parlamento data del año1895. La misma se orienta hacia una conducta coherente y homogénea de sus integrantes, elegido por un mismo partido y respondiendo a una única plataforma electoral.

Ello fortalece el concepto de que la banca pertenece al partido y no al legislador

La realidad demuestra claramente que los legisladores están en la cámaras legislativas respectivas por los núcleos de opinión que los llevan a ese destino como sus representantes. Los partidos políticos -respondiendo a un programa de acción- presentan a elecciones a sus candidatos, los que están obligados éticamente, a responder a los intereses del mismo, que indudablemente deben coincidir con los suyos propios. Es el partido político el que entabla la lucha para el logro de la banca. En virtud de ello, el pueblo elige y el elegido está obligado a respetar dicha elección. La única forma posible de instrumentar el sufragio es por intermedio del partido político. El individuo que representa debe prescindir -en caso de discrepancias personales-, de su albedrío individual pues se debe a su investidura. Su dignidad hacia la función que le confió su partido ordenará su conducta de acuerdo a las bases programáticas de cuya concepción formó parte y que, en definitiva, es el de las voluntades de los votos populares que le otorgaron su representación.

. El ciudadano vota una filosofía transformada en una plataforma electoral, que debe respetarse y no puede ser vulnerada por el elegido. . La idea de la pertenencia de la banca al partido resulta más válida, si tenemos en consideración que debe cada partido hacer la “proclamación de sus candidatos”, y es él (con sus avatares internos y públicos) el que hará la valoración de las cualidades personales de los elegidos, que luego el ciudadano convalidará.

Antecedentes históricos permiten observar la generalizada idea de que la banca pertenece al partido político que elige al candidato que -en definitiva- es lo mismo que decir, que pertenece al pueblo, pues es, precisamente, el soberano el que los selecciona, con su sufragio, por intermedio del partido y la plataforma política que elige.

En materia política tenemos el mandato imperativo, representamos a partidos políticos , entonces, cuando llegamos a discrepar con ellos, debemos abandonar la banca que por voluntad de ellos ocupamos.

Si bien es cierto que en los orígenes de la organización nacional no existían los partidos políticos y que los cargos públicos eran ocupados por el caudillismo o el favoritismo, también es cierto que, cuando este instituto aparece, lo hace con la fuerza que le da la representatividad popular y como entidad canalizadora de ideologías es la única facultada para designar candidatos.

De la misma manera, afirmamos que cuando los hombres se incorporan a un partido político “no enajenan su conciencia”, pero la ética pública no diagramada en normas escritas obliga a cumplir con los principios a los cuales se apeló para ser elegido y -en caso de disidencia- resignarlos con el cargo que se obtuvo en virtud de ellos

HUGO ESTEVEZ SECRETARIO GENERAL

DANIEL SALVATIERRA SECRETARIO DE PRENSA