Risa

 

¿Cuánto te ríes? Y, cuando finalmente lo haces, ¿tu risa es franca, abierta y contagiosa o te ríes por lo bajo, casi pidiendo disculpas por tu alegría?

Para la mayoría de las personas, la cantidad y calidad de sus risas es inversamente proporcional a su edad. Las risas frescas y francas de la niñez suelen ir tornándose cada vez más duras, acartonadas y escasas a medida que los años van pasando.

Ríete más. Ríete de tus errores en lugar de enojarte por ellos; y luego, con una sonrisa en tu rostro, trabaja para corregirlos. A la hora de cenar, en lugar de comentar las noticias –generalmente, malas y pesimistas- y los problemas de la jornada, pregunta qué fue lo mejor del día para cada uno. ¡Y cuenta chistes! Internet está lleno de sitios que ofrecen miles de chistes para todos los gustos. Hazte el hábito de visitarlos cotidianamente y sonríe con ellos.

No te rías a costa de los demás, no te rías con ironía. Ríete con fuerza, hasta que te duela el estómago de tanto reír. Ríete con ganas y verás cómo todo se ilumina.

Gabriel Sandler