El adiós a un hombre comprometido (*)

El fallecimiento de David produce sensaciones encontradas. El desasosiego y la tristeza por un lado. La cercanía del recuerdo de sus actitudes de vida. Dicen y aseguran que son muchos los hombres que se vuelven buenos luego de su desaparición física, una aseveración que no corresponde en este caso.

Nadie podrá asegurar que David era perfecto o que nunca cometió errores a lo largo de su vida. Nadie está exceptuado. Pero lo que vale son las enseñanzas, los reconocimientos, las actitudes y, además, el compromiso con uno y con los semejantes. Y ese, sí, es un espejo para mirar, para mirarse. Porque a lo largo del tiempo, el compromiso social fue un compañero de ruta en la vida de David, un hacedor, un hombre que participó activamente desde muchos lugares, sean estos el Foro de Seguridad o en el grupo Scout. El Radio Club Saladillo o el Concejo Deliberante, donde presentó muchísimos proyectos, muchos de ellos vinculados al resguardo del patrimonio cultural y edilicio de nuestra ciudad y nuestros pueblos. En lo personal, mi agradecimiento por sus enseñanzas de vida. Quedará así en la evocación y la memoria de muchos de quienes lo conocimos. La vida es efímera y las despedidas, tristes. Valioso es lo que queda, la tarea de llenar ese espacio que hoy parece vacío, imitando actitudes y reafirmando la importancia del compromiso, que acompañaron a David en su paso por la vida.

Muchas gracias, mi último abrazo y hasta siempre.

(*) Julio Reynoso