No tiene sentido

 

Detente por un momento y trata de recordar las cosas que te hacen enojar un día como hoy hace dos, tres o cinco años. Retrocede mentalmente hasta allí y dedica 30 segundos –sólo 30- a elaborar una lista de cosas concretas y tangibles que te fastidiaban y te hacían reaccionar impulsivamente, acelerando tu ritmo cardíaco no de emoción ni alegría, sino por una molesta irritación.

Deja de lado problemas graves de salud, serias crisis laborales, financieras o familiares porque, más allá de que tampoco situaciones como éstas lo justificarían, no son este tipo de enojos los que te estoy invitando a considerar hoy.

¿Intentaste hacer la lista? A que no te resultó fácil completarla en tan sólo 30 segundos; o a que ni siquiera pudiste llegar a anotar una sola cosa. Y si pudiste…, a que te sentiste un poquitín ridículo reconociendo las cosas por las cuales te amargabas… y que quizás hasta te siguen amargando.

Date cuenta de que no tiene sentido. ¡Hacerte problema por “eso” es de veras ridículo! Lo que pasó, pasó; pero aquí y ahora no sigas insistiendo. Déjalo pasar. Sonríe y sigue avanzando por la vida sin dedicar ni un instante de tu tiempo ni una gota de tu energía a nada que no valga realmente la pena.

Gabriel Sandler