Cooperativismo y CENS, por Cristina Sarubbi

La vida es pasión. Lo demás es repetir una y otra vez actos cotidianos, como autómatas, porque hay que hacerlos, porque uno se sube a un tren y sigue esa marcha. Pero la vida es deseos, proyectos, pensamientos, ideales: Se empieza a partir de allí. Después,  como luego del “abracadabra” de los magos, descubrimos que lo que tanto habíamos deseado, proyectado, pensado, idealizado, se vuelve realidad. Y no es casual, porque muy pocas cosas nos pasan (nos traspasan) sin que las hayamos convocado antes.

Esto, que bien podría ser un párrafo de cualquier libro berreta de autoayuda, adopta dimensiones ciertas y  concretas  por lo que ha sucedido (¿o “lo sucedieron”?)  esta noche de viernes 18 de Octubre en el teatro  Marconi: Los alumnos del último año del CENS Nº 451 fueron convocados, junto con todos los grupos de los últimos años de las escuelas secundarias de Saladillo, a participar de un concurso de preguntas y respuestas sobre cooperativismo.   Fueron las mismas cooperativas quienes lo organizaron y destinaron tres premios  de $ 6000, $ 4000 y $ 2000 para el 1ro, 2do y 3er puesto.

Habíamos recibido la invitación y el material el martes 15, por lo que participar resultó un verdadero desafío. Nuestros alumnos decidieron aceptarlo. Y ganaron el primer premio: Se habían anotado, habían estudiado y  hecho consultas a docentes;  habían elegido a quienes representarían al curso; habían dedicado parte de estos escasos días a seguir con sus rutinas (las cursadas, el trabajo, la familia) mientras se ocupaban de prepararse.

Por todo eso es que el primer párrafo de este texto es tan significativo. El CENS (DINEA, si prefieren seguir reconociéndonos así) dice “presente”. Aunque no tengamos edificio propio ni estemos incluidos en el Plan “Conectar igualdad, seguimos teniendo identidad, garras, sentimiento de pertenencia. Somos NOSOTROS, con mayúsculas y con todas las letras: Gente que apuesta a superarse, que cursa cada día de 19:30 a 23:15, con las manos engrasadas, con uniformes, con hambre, con problemas, con trabajo o sin él, con el dolor de dejar hijos que se bañaron, cenaron e hicieron sus tareas mientras ustedes, en sus aulas, tratan de repetirse una vez y otra vez que el esfuerzo valdrá la pena, que su calidad de vida  y la de los suyos va a mejorar, que podrán tener un trabajo digno, o estudios terciarios o universitarios. Ustedes, los que nos llenan de afecto y nos demuestran  que se puede. Y tienen toda la razón. Gracias por recordarnos esto cada día y por contribuir a que nuestra institución sea un espacio de aprendizaje y de cordialidad donde cada uno deja huellas imborrables.