Alégrate

 

Si alguien está bien, feliz, es exitoso… mejor para él. Y para ti.

Cuanto mejor estén aquellos que te rodean, mejor para todos. Imagina un mundo en el cual cada uno se alegrase por el bienestar de los demás. Ahora que lo piensas, ¿no parece tener esto mucho más sentido que lo que habitualmente sucede? Fluiría, sin interferencias de ningún tipo, una energía positiva que generaría una espiral constantemente creciente.

Si cuando al otro le va bien tú sientes envidia, todo lo que logras es quedarte paralizado e invadido por sentimientos de frustración, bronca, angustia y decepción. Si, por el contrario, te permitieses compartir sinceramente su felicidad dejando que su alegría te contagie, generarías entusiasmo, confianza, certeza de que se puede y convicción para seguir, tú también, por el camino hacia tu propio éxito.

No esperes a que el resto cambie para sólo entonces cambiar. Adopta ahora una actitud positiva ante el éxito de los demás. Hazlo por ti mismo, por tu propio bienestar; y si no lo haces por convicción, ¡al menos que sea por conveniencia!

La próxima vez que sientas que la envidia está por tomar el mando de tus sentimientos, reacciona y déjala pasar. En cambio, alégrate y demuestra esa alegría. No te arrepentirás.

Gabriel Sandler