Estos son los títeres de quienes pretenden confeccionar la lista de prioridades del país (Por Pablo Antonelli)

Son muchas las críticas que se le pueden hacer al Gobierno Nacional. La postergación e indiferencia ante los reclamos del pueblo Qom, por ejemplo, cuyos derechos también forman parte del amplio espectro de los Derechos Humanos. O los brazos siempre abiertos y los ojos cerrados para las mineras que trabajan a cielo abierto, cuya utilización de cianuro y demás sustancias químicas está devastando cientos de miles de kilómetros cuadrados de naturaleza autóctona (Cerro Vanguardia en Santa Cruz; San Jorge en Mendoza; Pirquitas en Jujuy; Andacollo en Neuquén; Veladero en San Juan; entre tantas otras). Las deficiencias y problemas que ameritan soluciones son muchos. Habla bien de nosotros, como miembros de un sistema republicano, que tengamos críticas, que defendamos nuestras posturas y proclamemos nuestras inconformidades. El problema surge cuando los temas que pasan a inquietarnos han sido confeccionados previamente en forma de lista por las corporaciones mediáticas oligopólicas para causar ese efecto. Cuando quienes empuñan el lápiz decidiendo nuestros estados de ánimo y definiendo nuestras preocupaciones son seres despreciables sentados en la vereda opuesta de los que luchan y abogan por la justicia, la igualdad y el bienestar social. Sus prioridades y deseos, claro está, no tienen semejanza alguna con las prioridades y deseos de la sociedad en su conjunto. Mas disponen en abundancia de todas las herramientas necesarias para crear ilusiones, convencer a desprevenidos y enrolarlos en “su causa”. Así, la industria del miedo, nos impone que la tan mentada seguridad se logrará cuando ya no haya robos, secuestros y homicidios en las calles, y no cuando se suprima el hambre y el analfabetismo; que los índices de un Organismo llamado INDEC y el cepo al dólar son más agobiantes que la desigualdad social.

El colmo de los colmos, el absurdo total, llegó tras la decisión tomada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, sobre los artículos en pugna de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (sintetizada a Ley de Medios). Porque, como si aún no fuera suficiente con el ridículo planteo de suspensión por parte del Jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri; como si aún no fuera suficiente con las extravagantes amenazas de Elisa Carrió y las torpes contradicciones de su reciente y precario compañero, Pino Solanas; como si algo faltara para que la situación se tornara del todo irrisoria y penosa, el señor Joaquín Morales Solá y la señora Magdalena Ruiz Guiñazú, símbolos del periodismo/oposición al oficialismo, viajaron a Washington a reclamar frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA) por la supuesta falta de  libertad de expresión en el país.

Da risa la pobreza argumental de sus discursos. Dan risa los errores de procedimiento que les señaló la Comisión, como quien corrige a alumnos inexpertos, dubitativos y errantes. Da risa ver la cara de ambos “denunciantes” al escuchar a la Relatora para la Libertad de Expresión de la Comisión, Catalina Botero, decir que “la ley Argentina es motivo de felicitación. Es una de las tantas que bregan por la democratización de los medios”. Pero no da risa, sino pena, escuchar a Morales Solá diciendo que prefería la cárcel a la falta de libertad de expresión que se vive en la Argentina actual. Da pena pensar que estos periodistas, montan tal show mediático que conduce a ningún lado (sólo porque su jefe dispone de las herramientas), y acusan de coartar su libertad de expresión a un gobierno que, por ejemplo, despenalizó el delito de calumnias e injurias en la actividad periodística, pero jamás levantaron la voz durante los largos años de la dictadura cívico militar que aniquilaba libertades. Por el contrario, la señora Magdalena adulaba a Martínez de Hoz en sus programas radiales, y el señor Joaquín, mediante publicaciones dispersas, se encargaba de borrar las huellas de los genocidas y censuraba a cualquier empleado de la redacción que quisiera hacer saber su disconformidad  con el Gobierno de Facto.

Estos son los títeres de quienes pretenden confeccionar la lista de prioridades del país. Estos son los tipos que no dudarían un segundo en entregar el alma por dinero; en entregar gente. Ya lo hicieron en el pasado (y entregaron a unos treinta mil). Sería un gran error que la lista de prioridades del pueblo sea la misma que la de ellos.

Pablo Antonelli. DNI 29.223.981