Ni antes, ni después

 

Una de tus mayores limitaciones para ser feliz y vivir en paz contigo mismo es la que surge de no sincronizar correctamente con los tiempos de la vida.

Las circunstancias, los acontecimientos, los seres, los hechos, los problemas, sus soluciones, todo llega justo cuando tiene que llegar. Ni antes, ni después.

Muchas personas lo ignoran y otras tantas, aun sabiéndolo, lo olvidan. Así, su percepción del tiempo termina siendo más larga de lo que en realidad es. Cuando eso te ocurre, vives con ansiedad, angustia e impaciencia, e intentas por todos los medios que las cosas sucedan antes de lo que, de todas maneras, va a ocurrir. Quieres que lo que va a ser sea, ¡YA! Ansioso por lo que vendrá, esa actitud no te permite disfrutar el camino hacia la meta.

Date cuenta de que las cosas serán cómo y cuándo tengan que ser. Y eso no significa resignarte. Implica saber esperar, haciendo todo lo que tengas que hacer sabiendo que, en el momento justo, lo que tenga que ocurrir ocurrirá. Si tratas de forzar la situación, lo único que lograrás será retrasarla o, peor aún, arruinarla para siempre.

Deja que las cosas transcurran estando atento a ellas y haciendo lo que debas, no más; tampoco menos. Porque cuando está maduro, el fruto cae.

Gabriel Sandler