Preparando la Navidad

PREPARANDO LA NAVIDAD

Jesús nació en un pesebre, un lugar donde comen bestias como el buey y el asno. Ese simbolismo no es accidental. Nos muestra lo que Jesús, más tarde, nos dirá de forma explícita: que su vida y su cuerpo son alimento para la vida del mundo. Cristo existe para ser comido; y para ser comido, en primer lugar, por el mundo y no por las iglesias. Si eso es cierto, entonces toda la vida y ministerio de la iglesia existen por la misma razón: son alimento para que coma el mundo. Cristo nació en un pesebre como signo de que es alimento del mundo.

Este hecho nos ofrece un desafío y un consuelo. El desafío consiste en que nosotros, como comunidades eclesiales y como individuos, no vivamos absortos en nosotros mismos. La Iglesia existe para el mundo, no al revés. Jesús lo demostró al nacer en un establo. Nuestro consuelo, si meditamos en la imagen de Jesús en el pesebre, es que lo imitamos cuando nos sentimos absorbidos por las demandas de nuestro ministerio de nuestra familia, de la justicia y muchas otras cosas.

Cuando era niño, mi madre solía preparar un pequeño pesebre cada Adviento y nos pedía a los niños que le agregáramos un poco de paja cada vez que hacíamos un pequeño sacrificio, para “prepararle una cama al niño Jesús”. Eso, lejos de ser piedad barata, ¡es teología de la buena!

Ronald Rolheiser (omi)