Silencio: camino al interior

 

El silencio no significa solamente no hablar, significa también desprenderme de las posibilidades de huida y soportarme tal y como soy. No renuncio tan sólo a hablar, renuncio también a todas las ocupaciones que me distraen de mí mismo. En el silencio, me obligo a estar, por fin, conmigo. Quien lo intente, descubrirá que, en un primer momento, no es para nada agradable. Se presenta toda clase de pensamientos y sentimientos, emociones y estados anímicos, miedos y sentimientos de desgano. Aparecen deseos y necesidades reprimidas, afloran el enfado contenido, las oportunidades desaprovechadas, se nos vienen a la mente palabras dichas o mal dichas. Los primeros momentos del silencio nos descubren, muchas veces, nuestro desconcierto interior, el caos de nuestros pensamientos y deseos.

Es doloroso soportar este caos. Llegamos a las tensiones interiores que nos atemorizan. Pero en el silencio, estas tensiones no pueden disolverse. En el silencio descubrimos cómo estamos. El silencio es como un análisis de nuestro estado, no nos engañamos más, vemos lo que sucede en nosotros.

AG