Libertad, unidad y hogar

 

Al percibir en nosotros el espacio del silencio, nos percatamos de que es el espacio en el que podemos sentirnos en casa, porque el secreto vive en nosotros mismos, porque allí donde Dios vive en nosotros es ahora el Cielo en nosotros y transforma el espacio donde vivimos en nuestro hogar.

Libertad, unidad y hogar: estos tres criterios de verdadera espiritualidad y de la real vivencia de Dios, van de la mano. Quien es uno consigo, quien no es arrastrado de aquí para allá por los más diferentes deseos y necesidades, ése es también libre. Quien descansa en Dios, quien ha encontrado su hogar en Dios, ya no se rige por los criterios de este mundo; sobre él, el mundo no tiene poder, se ha liberado de todas las expectativas de este mundo. Podremos reconocer en la libertad dentro de nosotros en qué punto nos encontramos de nuestro camino espiritual. Pero a la vez, debemos admitir que la libertad aquí, en esta nuestra peregrinación, es relativa, que recién con la muerte viviremos la verdadera libertad, cuando seamos libres para siempre de mirar a Dios y de dejarnos caer en los brazos de Dios, lleno de amor para nosotros.

Libertad, unidad y hogar son también las premisas para poder amar verdaderamente. Quien está desgarrado dentro de sí, no podrá amar realmente. Quizás hablará del amor e intentará amar con todas sus fuerzas. Pero no será el amor que todo lo cura, que todo lo une y que todo lo libera, sino será, más bien, un amor que une a los demás a sí mismo, que ejerce poder, que busca, que busca tranquilizar su propia mala conciencia. El amor al que nos convoca la ley perfecta de la libertad hace libre a la persona, le da su dignidad soberana. Genera paz, hace que el hombre destrozado pueda decirse a sí mismo “sí” y que, por lo tanto, sea uno consigo mismo. El verdadero amor une y cura a la persona, la hace completa. Y le obsequia un hogar, le concede una casa en la que pueda sentirse verdaderamente en casa, en la que pueda ser verdaderamente aquél a quien Dios ha llamado, un hijo libre y una hija libre de Dios.

AG