Sentimiento de libertad

 

Cuando por las mañanas rezo, medito prestando especial atención a mi interior. La oración es el atajo que me permite ingresar a lo más profundo de mi corazón. Allí se produce el encuentro íntimo, personal con Dios. Sólo él y mi alma. Allí parece que mi alma respirara libertad, que pudiera tomar vuelo hasta lugares inesperados. En ese lugar incluso, aprendo a mirar los problemas cotidianos desde otra perspectiva, dándoles en mi vida el lugar que les corresponde y me permite tomar decisiones más objetivas.

Como todas las cosas el lugar de la meditación y el silencio tiene sus límites, porque estoy tan a gusto en él que existe el peligro que quiera quedarme siempre allí como en la experiencia de la transfiguración. Es importante tener bien claro que estos momentos son indispensables como alimento, fuerza y luz interior; no son para escapar de mi cotidianeidad sino para fortalecerme y encarar esta vida cotidiana con otra mirada, con otra actitud. En ese encuentro permito que Dios sea la lámpara que ilumina mi vida.

GG