Alcanzando el verdadero anhelo

 

La fe me muestra mi ser interior. Las palabras de la Biblia me abren, ante el plano de las necesidades de mi ego, un plano diferente, el plano del hombre redimido por Jesucristo, del hombre en el que habita Dios mismo. Frente a nuestra autocomprensión que permanece en el plano del yo, debemos dejarnos llevar hacia el misterio concreto de nuestro ser.

La verdad nos libera, dice san Juan. Cuando, al estudiar la Biblia, llegamos a la esencia de nuestro ser, se produce la verdadera liberación de nuestros problemas. Ya no damos más vueltas a nuestros problemas, sino que, con plena conciencia, nos dirigimos a la dimensión de la fe. Ya no necesitamos pelear más por ellos ni adaptar el idioma de la fe a nuestro idioma cotidiano. No precisamos más fingir que predicamos según los tiempos que corren, sino que mostraremos con nuestra evangelización el misterio concreto de la persona. La fe ya no será interpretada psicológicamente, sino que alcanzaremos una dimensión que supera el plano de la psicología y llega al misterio de la filiación divina, al misterio de la divinización de la persona por Jesucristo, el Dios hecho hombre. Pero también debemos proclamar este misterio de tal forma que las personas sientan que se están refiriendo a lo más íntimo de su corazón, que se ha llegado al verdadero anhelo, al anhelo de olvidarse de sí mismas y de encontrar su paz en Dios.

AG