Decídete por la alegría

 

La auténtica alegría es un don que viene de lo alto, pero también es una tarea diaria de cada hombre y mujer.

La alegría debe ser algo que decidas conquistar y conservar cada día, y en cada momento, para tenerla y para darla a los demás. Esa es la voluntad de Dios.

Entonces, trata de identificar aquello que consume y absorbe la alegría que debería reinar en tu corazón.

Ten presente que lo que tanto te preocupa quizá no sea tan importante y absoluto, como para que tanto te inquiete.

No permitas que tal o cual persona te saque el gozo interior. No dejes que una situación conflictiva, pero también pasajera, te robe aquello que, por derecho, te pertenece, es decir, el don de la alegría.

Dios quiere concedértela porque eres su hijo amado y porque necesita de ti para que la compartas con tus hermanos, llevando una sonrisa y la palabra conveniente a quien se encuentra atribulado y angustiado.

Un corazón alegre es la vida del hombre y el gozo alarga el número de sus días. Eclesiástico 30, 22.

Gustavo E. Jamut