Soluciones que sorprenden

 

La fuerza romana de ocupación tenía el derecho de obligar a cada judío a que lo acompañara una milla para señalarle el camino o para que le llevara una carga. Ante este derecho, los judíos debían doblegarse. Y lo hacían, pero a regañadientes. En el corazón del judío crecía en odio cuando le cargaba el equipaje a un romano. Y así la enemistad se iba acentuando cada vez más.

Ahora, Jesús nos dice que, en vez de andar una milla, caminemos dos. Debemos conquistar al romano para nuestro camino conjunto. Deberíamos ofrecernos voluntariamente y conversar con él. Entonces, a las dos millas, nos separaríamos como dos amigos.

Debemos vencer el odio con el amor, el mal con el bien. Sólo así se curará la fisura en la comunidad de las personas. Sólo actuando de forma sorpresiva, es decir, saltando el plano usual de la victoria y la derrota, del derecho y del querer tener derecho, y tratando al prójimo desde otro plano, se curará la discordia entre las personas. Son las soluciones típicas que Jesús nos propone. Justamente sorprendiendo al otro, puedo superar la fisura entre las personas y puedo romper las durezas del corazón humano con el amor.

A.G.