Dios tiene una imagen de mí

 

No se trata de que opongamos completamente la espiritualidad desde abajo a la espiritualidad desde arriba. La unilateralidad nunca sirve. Y así se da una tensión sana de ambos principios espirituales. La espiritualidad desde arriba nos coloca ideales ante nosotros a los que debemos tratar de emular y, finalmente, de alcanzar. Los ideales tienen un efecto totalmente positivo en las personas. Sobre todo para los jóvenes, los ideales son vitales. Pues sin ideales, sólo darían vueltas en torno a sí mismos. No podrían desarrollar las posibilidades que tienen. Y no entrarían en contacto con esa fuerza que quiere despertar. Los ideales atraen a los jóvenes y los sacan de ellos mismos de modo que se saltan a sí mismos, se superan y pueden descubrir nuevas posibilidades. Sin ideales, muchos vivirían pasando de largo por sus propias posibilidades. Para poder crecer, necesito arquetipos. La forma crece de la forma. Los santos pueden ser, para los jóvenes, buenos arquetipos que desafían y estimulan para que trabajen en sí mismos  para que descubran su verdadera vocación. Pero no podemos copiar a los santos. La mirada puesta en los santos no quiere producirnos cargo de conciencia por no ser tan santos, más bien nos alienta a no pensar en nuestra pequeñez y a descubrir nuestra vocación personal, a conocer la imagen única que Dios se ha hecho de cada uno de nosotros.

No podemos arreglarnos sin la espiritualidad desde arriba. Tiene una función positiva, porque nos despierta vida en nosotros.nos enferma solamente cuando los ideales pierden el contacto con nuestra realidad. Hay personas que se fijan ideales tan elevados que no pueden alcanzar nunca. Y para no abandonarlos con resignación, reprimen la propia realidad y se identifican con el ideal.

A.G.