Jesús camina por el camino inferior

 

En el comportamiento de Jesús y en su prédica, encontramos constantemente una espiritualidad desde abajo. Jesús se dirige intencionadamente a los publicanos y a los pecadores, porque se da cuenta de que están abiertos al amor de Dios. En cambio los justos, muchas veces, sólo dan vueltas en torno a sí mismos con sus ambiciones de perfección. Mientras que Jesús se presenta misericordioso y amable ante los pecadores y enfermos, condena severamente los fariseos. Los fariseos representan la espiritualidad típica desde arriba. Tienen lados decididamente buenos y quieren agradar con su acción a Dios. Pero no se dan cuenta de que, en su ambición por cumplir con todos los mandamientos, no piensan en Dios sino en sí mismos. Creen que podrían cumplir los mandamientos de Dios por su propia voluntad. A ellos no les interesa tanto el encuentro con Dios, sino más bien, la justicia y el cumplimiento de la ley. A pesar de querer todo para Dios, no lo precisan de verdad. Lo decisivo para ellos es el cumplimiento de las normas y de los ideales que se han fijado. Por estar aferrados sólo a los mandamientos, se olvidan de lo que Dios realmente quiere de la persona. Jesús les repite expresamente dos veces lo siguiente en el Evangelio según Mateo: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mt 9,13).

En la parábola del fariseo y del publicano, Jesús muestra que no quiere una espiritualidad desde arriba, sino una desde abajo, porque ésta abre a la persona para Dios. El corazón destruido, el corazón herido y quebrado se abre para Dios. Dios perdona al publicano que reconoce su propio pecado, que sabe de la imposibilidad de poder corregir la injusticia causada por él, que, arrepentido, se golpea el pecho en su pena y le suplica misericordia a Dios (Lc 9-14).

A.G.