Ascendiendo a través del descenso

 

Benito de Nursia describe la espiritualidad desde abajo en el capítulo más largo de su Regla. Es el capítulo 7, sobre la humildad. Posiblemente no sea casualidad que este capítulo esté en el séptimo lugar. Los siete designan la transformación del hombre a través de Dios. Así, por ejemplo, hay siete sacramentos y siete dones del Espíritu Santo que penetran la persona y la transforman. Muchas veces, este capítulo les provocaba a los monjes disputas. Humildad tiene un dejo negativo para nuestros oídos. La tradición de la Biblia y de los Padres de la Iglesia no se refiere con humilitas a una virtud social o moral, sino a una actitud religiosa. El camino sobre la humilitas no describe, por lo tanto, el camino de la virtud del monje, sino el camino espiritual, el camino interior, el camino de la madurez humana y el camino de la contemplación, el camino de la creciente experiencia de Dios. El camino de la humilitas conduce a Dios descendiendo primero a la propia situación en la tierra y a la humanidad. El ascenso a través del descenso, ésta es la paradoja de la espiritualidad benedictina desde abajo.

Ser humilde es, para san Benito, imitar a Cristo que renuncia a sí mismo y se hace igual a nosotros, los hombres. En la humildad, crecemos en el sentido de Jesús, que no se aferró a sí mismo y a su divinidad, sino que se humilló y fue obediente hasta su muerte. Para los Padres de la Iglesia, la humildad es, a la vez, la premisa de la contemplación, la premisa del camino espiritual. San Benito ve en la humildad un camino de ejercitación en el amor perfecto, en el ser uno con Dios en la contemplación. Este amor perfecto (caritas) está caracterizado por el amor a Cristo y por el placer en las virtudes, por la cual la virtud no es considerada desde el punto de vista mora, sino como fuerza del ser humano que le viene de Dios.

A.G.