Nuestra segunda naturaleza

 

El objetivo del camino interior, tal como lo describe san Benito en su capítulo de la humildad, es el amor perfecto que ahuyenta todo temor. El camino hacia la pureza del corazón y hacia el amor perfecto conduce, descendiendo primero, hacia la propia realidad de los pensamientos y de los sentimientos, de las pasiones y de los impulsos, de la carne y del inconsciente. La espiritualidad de san Benito comienza desde abajo, con la realidad de la persona, con sus necesidades, con sus heridas y lesiones, con sus contradicciones cotidianas, y, descendiendo primero, se eleva, luego, hacia Dios, hacia el amor perfecto. La caritas perfecta hace que ya no vivamos por temor, que no seamos determinados por factores extraños, ni por las expectativas de las personas o por las exigencias del propio superyó, sino que vivamos sin esfuerzo y en comunión con nuestra verdadera esencia. El amor se transforma en nuestra segunda naturaleza. Purifica nuestro corazón para que Dios pueda verlo.

San Benito describe el amor perfecto con tres expresiones: amor Christi se refiere al amor impregnado en eros y tierno hacia Cristo, es decir, la relación personal con Él desde la cual vive el monje. La consuetudo ipsa bona, la buena costumbre, significa que el cumplimiento de los mandamientos a no ocurre desde fuera, sino desde dentro, que el monje crece conjuntamente (con-suetudo) con la voluntad de Dios, que vive correctamente desde adentro y hace lo que Dios quiere de él, lo que corresponde a su verdadera esencia. La dilectatio virtutum, la alegría en las virtudes, describe el placer en la propia fuerza que nos viene de Dios. Es nuestra naturaleza transformada, que responde a la imagen que Dios tiene de nosotros.

A.G.