Con una fuerza diferente

 

El conde Karlfried Dürckheim, comprometido con la psicología de Jung, hablaba del camino de la adultez como un camino de creciente experiencia de la existencia. Este camino conduce, según Dürckheim, también a través del valor de descender hacia la propia oscuridad, soledad y tristeza. El propósito del camino de la adultez es que la imagen de Dios surge en uno, que la persona entra en contacto con su verdadera esencia. Es un camino de la transformación en el que surge cada vez más la “imagen interna” de la persona. Dürckheim dice que la persona puede hacer sus experiencias de existencia justamente en las horas de mayor necesidad: “Son las horas en las que tocamos los límites de nuestro poder y sabiduría humano fracasamos, pero después somos capaces de someternos. Y en el instante de soltarse y de ingresar en el viejo yo y su mundo, notamos en nosotros el renacer de una realidad diferente. Así, por ejemplo, hay quienes lo han vivido al ver la muerte bien de cerca, en las noches de bombardeos, en la grave enfermedad o de otras formas de inminente destrucción, como justamente en el instante en el que el miedo alcanzó su apogeo y acabó con la defensa interior, fue entonces cuando pudieron someterse y aceptar su situación…, de golpe, todo se calmó, inesperadamente, no tenían miedo y notaban que algo en ellos vivía, algo adonde ni la muerte ni la destrucción puede llegar. Por un momento, supieron que “si salían de ésta, sabrían de una buena vez de dónde y hacia dónde habrán de vivir”. Uno no sabe lo que es, pero se siente, de repente, con una fuerza diferente”.

A.G.