La caridad y la humildad

 

Sin humildad ni caridad, aun la persona más talentosa y carismática, de poco servirá al Plan de Dios.

Por el contrario, cuanto más humilde y caritativa es la persona, más posibilidades tiene Dios de actuar en su vida y ocuparse, de un modo que nosotros podríamos considerar milagroso, de esas situaciones que parecían humanamente imposibles de resolver.

Es que Dios no puede dejar de enamorarse de los corazones que anhelan estas virtudes y que están atentos para desarrollarlas a lo largo de toda la jornada y valiéndose de todos los acontecimientos.

La Virgen María gozó, en un grado elevadísimo, de ambas virtudes.

Pídele a ella la gracia de ver tu corazón tal como está y pídele también que te dé un santo anhelo de crecer en ambas virtudes.

 

Moisés era un hombre muy humilde, más humilde que cualquier otro hombre sobre la tierra. No sucede así con mi servidor Moisés: él es el hombre de confianza en toda mi casa. Yo hablo con él cara a cara. Números 12, 3, 7, y 8.

Gustavo E. Jamut