Cómo ayudar

 

El bien que hagamos a nuestro prójimo no debe ser a nuestro modo, sino al modo de Dios.

En ocasiones queremos ayudar a los demás con muy buena voluntad, pero sin buenos criterios y sin discernir el mejor modo de hacerlo, por lo cual, después de haber hecho con mucho sacrificio una buena obra, vemos que, al final, quedan pocos frutos y se producen escasos resultados positivos.

Debemos acostumbrarnos a preguntarle a Dios: ¿Qué harías Señor en mi lugar? ¿Cómo quieres que yo intervenga en esta situación?

Lo que es bueno para uno, tal vez no lo sea para el otro. Por eso el Espíritu Santo nos sugerirá cuál es el mayor bien que necesita cada persona.

 

No digas a tu prójimo: “Vuelve después, mañana te daré” si tienes cómo ayudarlo. Proverbios 3, 28