Viviendo desde otra realidad

 

Para que el humanismo sea verdadero, debe tener también la vulnerabilidad y el quebrantamiento de la persona. El verdadero hombre es un hombre vulnerable. Hoy está de moda hacerse el “todo bien”, ser invulnerable, no dejarse tocar por nada. Pero quien no se deje herir, no podrá amar. El verdadero amor incluye la disposición de dejarse herir. La imagen de la cruz nos muestra, en medio del embrutecimiento de nuestra sociedad, una imagen de persona que aún se compadece, que aún padece violencia porque intercede por las personas.

 

Es alarmante que cada vez sea más bajo el umbral de inhibición frente a la violencia. La cruz es una continua intimación a compadecerse en lugar de causar daño a los demás, a dejarse herir en lugar de herir a los demás. La cruz nos recuerda que la herencia de cristo también significa cargar su cruz, decir sí a aquello que nos crucifica a diario, decir sí al sufrimiento que nos toca. La herencia de la cruz quiere decir que tenemos el mundo crucificado, que el mundo no tiene ya poder sobre nosotros, que no nos definimos por ambiciones de poder, de fama, ni por la riqueza o la comodidad, sino que vivimos desde una realidad diferente, desde la realidad del amor que se nos muestra con mayor claridad en el Cristo crucificado.

A.G.