Todo puede ser en mí

La Eucaristía busca transformar nuestras necesidades en anhelo de Dios, nuestros problemas en desafíos, nuestros miedos en confianza, nuestras heridas en fuente de vida, nuestra sexualidad en ternura y amor, nuestra desmembración en integridad, nuestras pasiones en búsqueda vigorosa de Dios y nuestra culpa en una feliz responsabilidad, en un lugar de entrada para la Gracia de Dios. La Eucaristía busca darnos ánimo para percibirnos en el cuerpo e indagar dónde están las zonas no transformadas, dónde hemos desplazado nuestra sexualidad. Y recibir la Eucaristía debemos permitir que Cristo nos traspase de lado a lado para que su vitalidad toque todo lo que hay en nosotros y nos contagie. Pero solamente podrá transformarse aquello que se acepta, se contempla y se ofrece a Dios. Debemos poner en el altar nuestro cuerpo, este cuerpo que ofrece nuestra verdad a Dios, nuestros sentimientos reprimidos, nuestros instintos refrenados, nuestro anhelo y nuestro miedo.

C. G. Jung afirma que cada persona tiene en sí dos polos: el amor y el odio, la disciplina y la falta de disciplina, el miedo y la confianza, la bondad y la dureza, la franqueza y la cerrazón. El camino a la humanización no pasa por cercenar un polo, sino que pasa por permitir ambos polos, por el equilibrio justo y por transformar ambos polos para que podamos estar abiertos a Dios en ambos lados.

Todo puede ser en nosotros, pero debemos ofrecerle a Dios todo lo que hay en nosotros para que Él lo transforme.

A. G.