La Nueva Ley de Semillas

La actual Ley de Semillas vigente en nuestro país fue sancionada en pleno gobierno de facto del general Lanusse en el año 73.

 La ley pasaba de considerar la semilla como un bien natural a un bien mercantil. Ese fue el primer intento de regular las semillas, hace ya cuarenta años. El intento de modificar ahora esta Ley de Semillas se enmarca en un proceso mundial, de apropiación del proceso alimentario por parte de las grandes corporaciones que buscan imponer derechos de propiedad intelectual sobre la semilla a través de lo que se conoce como “Derecho del Obtentor“.

 El derecho del obtentor es un derecho de propiedad intelectual nacido hace unos 50 años que reconoce el mejoramiento hecho por una persona en una semilla siempre y cuando este mejoramiento sea, además de innovador, estable, homogéneo. De esta forma se le otorga al obtentor el monopolio sobre la semilla, monopolio que funciona igual que el derecho de autor de una obra artística. Es decir este derecho hace que el autor sea la única persona que puede comercializar e incluso compartir la semilla. Esto es nuevo y es una aberración absoluta porque las semillas son una creación campesina de hace 10.000 años. Un ejemplo claro es el del maíz. El maíz es americano, lo crearon los campesinos americanos. No existe en ningún lugar del mundo el maíz silvestre. Pero con la nueva ley cualquiera podría patentar esa semilla como propia.

Quien posee el derecho de propiedad intelectual se hace dueño de la semilla. El Hombre de campo  o productor puede comprar una semilla a una de estas personas o empresas que detentan la propiedad intelectual pero no pueden volver a sembrarla al año siguiente, porque si la siembran están haciendo algo ilegal. Pero también significa que cualquier semilla campesina puede ser registrada. Por ejemplo me regalan un maíz y yo descubro que este maíz es resistente al gorgojo. Entonces registro este maíz resistente al gorgojo y por lo tanto reclamo la patente, o el derecho de obtentor. Ahora yo soy propietario y los campesinos, sus legítimos dueños,  corren el riesgo que se haga biopiratería con sus propios conocimientos. Algo así sucedió con la Ayahuasca, que es una planta sagrada de la Amazonía, un tal Loren Miller se llevó la planta a Estados Unidos, la patentó y quiso reclamar derechos por esa planta que había patentado.

Pero además se hace ilegal la semilla de los campesinos. Las únicas semillas pasibles de comercializar según la nueva ley serán las registradas, entonces hace que nuestras ferias de semillas, los intercambios que tenemos cotidianamente sean ilegales. Las demás semillas –aquellas que no están registradas- son ilegales, las demás semillas no podrán se comercializarse.

Otra de las objeciones a esta nueva ley, es que amplía la normativa por la cual se rige, o sea significa la aplicación de la UPOP 91 -unión internacional para las obtenciones vegetales- que es la normativa que se está intentando imponer en todo el mundo, y abre el terreno para que no solo sean registradas variedades agrícolas –como sucedía con la UPOP 78- sino cualquier planta del entorno como plantas farmacéuticas, por lo que expande la posibilidad de biopiratería para toda la biodiversidad.

Vale aclarar que los países desarrollados -generalmente- son los que ya aplicaron la norma UPOP  91. Ya la están implementando en Alemania y Estados Unidos. Esto deriva en persecución a los agricultores que guardan semillas. Con un segundo grupo de países hay compromisos de aplicarse, a través de presiones, una de las formas de presión es a través de los Tratados de Libre Comercio que tienen un capítulo sobre las semillas, es una obligación. Esto fue muy claro en la implementación de TLC en el NAFTA – entre Estados Unidos y Centroamérica. Así los países que han aprobado TLC no tienen ninguna posibilidad de resistirse. Si fuéramos parte del ALCA como se intentó a principios de siglo, no hubiéramos escapado. En el resto de los países no existe ninguna obligación internacional de aplicación. Lo que existe son presiones políticas y corporativas. La ley de patentes en Argentina que se modificó en los años noventa por presión de EEUU fue la antesala.

Lo preocupante es que  la nueva ley no se transforme en  un lobby concreto de Monsanto, recordando que en otros países se inició de la misma forma continuando luego con otros productos (cerdos por ejemplo).

Debeos analizar, discutir y luego aprobar una Ley que beneficie al país todo y no a empresas Multinacionales

Un desafío a tener en cuenta.

Abril 2014

MESA DISTRITAL DEL FRENTE GRANDE SALADILLO