Cuando Jesús se encuentra con las personas

Si nos preguntamos en el Nuevo Testamento por la redención a través de Cristo, debemos cuidarnos de relacionar la redención automáticamente con la muerte de Jesús. Hay quienes piensan que Jesús sólo vino al mundo para morir por los pecadores. Pero eso contradice su mensaje. Jesús proclamó la proximidad de Dios: “El Reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Y mostró signos de esta nueva proximidad de Dios curando enfermos, liberando los poseídos de sus prisiones, perdonando a las personas sus culpas y hasta resucitando a los muertos. Para Jesús, el Reino de Dios se ha hecho realidad en las curaciones de los enfermos y en la expulsión de los demonios.

Así, hace frente a los fariseos que lo acusan de estar aliado con Beelzebú: “Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (Mt 12,28). Toda la obra de Jesús es una obra que redime y libera. Jesús predicó la proximidad del Reino de Dios, no como una teoría sino como un hecho. Y Jesús vincula la proximidad del dominio de Dios con su propia persona. En Él, en su mensaje del Dios misericordioso, y en su acción, en su encuentro con las personas, se palpa el Reino de Dios. En Él, Dios se aproxima, de una forma diferente, a las personas y les anuncia su verdadera voluntad, una voluntad que siempre busca curar la persona, la misericordia y el amor como su verdadera esencia. Así sucede la redención para las personas: Jesús les ofrece el banquete, se vuelve hacia ellos, les promete el perdón y les muestra con su ejemplo que Dios los ama, que su vida es infinitamente valiosa. Jesús entiende por redención hacer que las personas se den cuenta de la proximidad amorosa y salvadora de Dios, de que la redención los eleva y les devuelve su sagrada dignidad.
A. G.