La oración como ungüento

Los monjes entienden la oración como un remedio. Pero hay diferentes clases de medicamentos.

Unos indagan las causas de la enfermedad, las descubren, las intensifican antes de combatirlas. Otros medicamentos son como pomadas que se ungen sobre las heridas sin conocerlas exactamente, o como un tónico que activa la resistencia de la persona contra todos los gérmenes patógenos que no son analizados en particular.

De forma similar, la oración es, para los monjes, más un medicamento que revela y analiza las causas. Con la auto observación y el auto conocimiento, se develan las causas de las actitudes erróneas. Otras veces, la oración es, más bien, un ungüento o tónico que puede ser administrado contra todas las enfermedades sin conocerlas individualmente.
A través de la oración continua, la persona se inmunizará internamente contra el pecado y la culpa. Las actitudes erróneas, que dejaron su impronta en ella, irán desapareciendo lentamente.

Esta curación se realiza, a menudo, de forma imperceptible, y durante mucho tiempo no se verán sus resultados. Hacia fuera, no se perciben los cambios pero en el interior, en el inconsciente, se va gestando una transformación. Día adía, el campesino ara su campo, y nada se modifica. Pero el campo arado trae sus frutos. Así también en el inconsciente, arado con la oración, crecen los frutos de la transformación que, para muchos, pasan inadvertidos.
A. G.