Un pequeño homenaje, en el día de su cumpleaños..

Eva Peron1
Con las cenizas de los traidores construiremos la Patria de los humildes
Cuando elegí ser Evita sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así.
Nadie sino el pueblo me llama Evita.  Como mujer siento en el alma la cálida ternura del pueblo de donde vine y a quien me debo.
Donde existe una necesidad nace un derecho

Nuestra patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas
Renuncio a los honores, pero no a la lucha

La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron que yo no era más que una simple aventurera.
Mediocres al fin, ellos no habían sabido sentir como yo quemando mi alma, el fuego de Perón, su grandeza y su bondad, sus sueños y sus ideales. Ellos creyeron que yo «calculaba» con Perón, porque medían mi vida con la vara pequeña de sus almas.

De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social

Cuando elegí ser «Evita» sé que elegí el camino de mi pueblo. A cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así, el pueblo me llama «Evita».
Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme «Señora»; y algunos incluso me dicen públicamente «Excelentísima o Dignísima Señora» y aún, a veces, «Señora Presidenta». Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como «Evita». Yo me les presenté así, por otra parte, el día que salí al encuentro de los humildes de mi tierra diciéndoles «que prefería ser «Evita» a ser la esposa del Presidente si ese «Evita» servía para mitigar algún dolor o enjugar una lágrima. Y, cosa rara, si los hombres de gobierno, los dirigentes, los políticos, los embajadores, los que me llaman «Señora» me llamasen «Evita» me resultaría tal vez tan raro y fuera de lugar como que un «pibe», un obrero o una persona humilde del pueblo me llamase «Señora». Pero creo que aún más
raro e ineficaz habría de parecerles a ellos mismos. Ahora si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra «Evita» me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama «Evita» me siento con gusto «compañera» de todos los hombres.
HOMENAJE EN EL DIA DE SU NATALICIO 7 DE MAYO-
SECRETARIA DE PRENSA
PARTIDO JUSTICIALISTA DE SALADILLO