Distracciones durante la oración

La oración nos obliga al autoconocimiento, porque, sin conocer nuestros pensamientos y nuestras aspiraciones más íntimas, no podremos rezar en recogimiento. Sin la atención interior, estaremos atormentados continuamente por las distracciones. Pero por el contrario, las distracciones que aparecen de forma recurrente en la oración son un buen recurso para conocerse. I. Hausherr, uno de los mejores conocedores de la antigua vida monástica, afirma que las distracciones en la oración cumplen la misma función que los sueños a la hora del autoconocimiento: “Las distracciones son muy valiosas por las referencias que dan. Es una forma de soñar despiertos con aquello que nos ocupa.”

Así como los sueños nos dan información sobre lo que sucede en el fondo de nuestra alma, en nuestro inconsciente, también lo hacen las distracciones, que provienen, igualmente, del inconsciente. Manifiestan las tendencias de nuestro corazón. Si notamos que siempre pensamos en el mismo, en ciertas personas, en ciertos hechos o que siempre nos dan vueltas los mismos problemas o los mismos proyectos, podemos sacar de aquí valiosas conclusiones de nosotros mismos. Y a medida que vayamos conociéndonos mejor de este modo, irán cediendo las distracciones, y seremos capaces de rezar a Dios con recogimiento.
A. G.