El lenguaje vital del cuerpo

El encuentro con nosotros mismos en nuestro cuerpo tiene dos aspectos: por un lado, el cuerpo es un barómetro que me indica infaliblemente qué pasa en mí, cómo estoy, cómo me siento, dónde reprimo algo, dónde tengo miedo y me aferro. Sí, me dice quién soy realmente.

Pero si el cuerpo fuera tan solo un barómetro que nos manifiesta a nosotros mismos y a quien nos esté mirando nuestra situación interna, entonces, hacer ejercicios con el cuerpo sería una sobreexigencia para nosotros. Nos descubriría cruelmente quienes somos. Constataríamos con horror que, con el cuerpo, no podemos ocultar nada, que con el cuerpo, siempre estaríamos manifestándoles a quienes nos miran quiénes somos, aún cuando no queremos manifestarlo. Nuestro cuerpo no es solamente un barómetro, es también un instrumento con el cual podemos modificar nuestra actitud interior.

El conde Dürckheim llama al cuerpo un instrumento de la autorrealización humana. En el cuerpo, podemos ejercitarnos en actitudes internas que son esenciales para la propia evolución. Si un joven, por ejemplo, no tiene confianza en sí mismo, si no puede tomar partido por sí mismo, deberá, entonces, practicar la confianza en sí mismo tomando partido conscientemente por sí. Si se para como un árbol que está arraigado firmemente en la tierra, crecerán en él la solidez y la confianza. Y se percibirá a sí mismo de forma diferente. Muchas veces, sirve más un ejercicio como éste que sentarnos a decirle que no tiene motivo para no tener confianza en sí mismo, que tiene que ver más sus lados positivos, etc.
A. G.