Dr. Carrasco: nuestro compañero!

Lo primero que me llamó la atención fueron sus ojos.
Grandes, muy grandes eran sus ojos…
Probablemente porque los ejercitaba permanentemente, observando con ellos el mundo, con la misma profundidad que a los embriones a través de su microscopio…
Contagiaba la pasión por querer saber..
En su rostro, cada gesto era una frase…
Transparente, sin filtros, te hacía entender lo pensaba antes con sus gestos que con palabras..
Supo, quizás sin quererlo, ser un referente de miles de anónimos que, a diario, nos respaldamos en su trabajo, en su coherencia, en su integridad, para no flaquear ante alguna adversidad, y no ceder a la tentación de quedarnos inmóviles..
Alzaba la voz tan a menudo como callaba y escuchaba…
No dudó en acompañar a quienes sufrían los ataques de un paradigma exterminador (que se hace carne en el modelo extractivista químicodependiente), aunque esto le significare a él, salir del cómodo lugar en el que muchos “científicos” se sientan…
No paraba, siempre miraba, siempre encontraba nuevos elementos para seguir buscando, para seguir indagando acerca de los “¿por qué?”, pregunta extraordinaria que permite a la humanidad aprender e ir avanzando…
Mas de 30 años de trabajo le dieron la espalda suficiente para, en solo 5, poner en jaque a todo un modelo instalado por la industria de la química y la muerte, que coopta mentes de gobernantes y de esos “hombres de ciencia” tan genuflexos con el poder económico que son parte de la mercenarización del conocimiento..
Ahora que lo pienso, lo que mas llamaba la atención de Andrés era eso: que sus pantalones no tenían necesidad de rodilleras…

Damián Verzeñassi