Puede arrodillarse?

Los gestos de oración tienen, ante todo, una acción curativa, porque nos permiten experimentar lo que nos anuncia la fe: que estamos en cuerpo y alma en las manos de Dios que nos cobija, y que la presencia poderosa de Dios nos libera de nosotros mismos. Aferrarse a sí mismos, éste es el mal fundamental del hombre, según Dürckheim. Se sanará solamente si deja de aferrarse y se entrega de lleno a Dios. Dios nos libera de nosotros mismos y hacia nosotros mismos.

Puede sucedernos en carne propia, en un gesto como el de la mujer que describe el conde Dürckheim: “Una vez, una mujer me preguntó: ¿Cómo debo rezar?”, “¿Puede arrodillarse?”; le repliqué. Esta pregunta le llegó, obviamente, a una parte sensible. “¿Qué me está diciendo?”, preguntó algo irritada. “Bueno, algo muy simple”, le dije. “Puede arrodillarse ante su cama y así entregarse de lleno a la oración…” La mujer se levantó y se fue casi sin despedirse de mí.

Al día siguiente, la mujer comentó que primero, cuando se fue, tambaleó como si hubiera recibido un golpe moral, pero que, enseguida, se puso a correr, cada vez más rápido. Una vez en su hotel, subió las escaleras, entró en su habitación, cerró la puerta con llave y cayó prácticamente de rodillas. Sí, y de pronto algo le sobrevino… no sabía cómo le había sucedido ni lo que le estaba sucediendo. Sólo sintió que en esta posición estaba como si se hubiera apagado y débil, pero totalmente redimida, estaba en manos de alguien que la cobijaba y… sí, ahora sabía perfectamente de qué se trataba…”

A. G.