Algo más que esta vida

Nos enfermamos cuando ya no podemos expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades más profundas. Entre estas necesidades, cuentan también los presentimientos y los anhelos de nuestra alma. No sólo los impulsos reprimidos o los enojos refrenados nos pueden enfermar, también el anhelo reprimido.

Nuestro cuerpo reacciona también cuando desatendemos nuestra alma. Y nuestra alma anhela a Dios y anhelamos la experiencia de Dios. Presiente que hay algo más además de esta vida, que, en lo más íntimo, estamos unidos a Dios, que Dios, el motivo original de toda existencia, está en nosotros mismos. Si no expresamos estos presentimientos y los evadimos, nos enfermaremos.

Muchos ya ni saben hoy cómo relacionarse con estos presentimientos y estos anhelos de su alma. Les faltan espacios reparadores en los que el alma puede expresarse. Y les faltan campos de maniobras en los que puedan entrenarse con cuerpo y alma en lo que nos importa en lo más hondo.

Los gestos de oración podrían ser estos lugares reparadores en los que podemos entrar en contacto con los presentimientos más íntimos de nuestro corazón. Actualmente, hay muchos que se han olvidado de relacionarse adecuadamente con su cuerpo y, más aún, con su alma.

En los gestos de la oración, podríamos notar la verdadera dignidad de nuestro cuerpo y su unidad con nuestra alma. Nuestro cuerpo es impermeable para Dios. En él expresamos nuestra alma con su anhelo de Dios. Y así nos percibimos en otras dimensiones.

A. G.