Dejarse herir, hacer el duelo, amar

 

Con el llanto, la persona permite que se acerque y que ingrese en sí mismo el dolor y el sufrimiento. Hoy se intenta por todos los medios evitar el fastidio y el sufrimiento. Uno se escuda contra ellos. Se los considera una amenaza para el equilibrio interior. Pero eso lleva “inevitablemente a falsear los sentimientos y a empobrecer el alma”.

La persona que es incapaz de sufrir, es también incapaz de alegrarse. “Donde ya no se sufre, tampoco hay mucha felicidad. El tedio y el vacío son las consecuencias, la búsqueda de sustitutos es el siguiente paso”. Quien le esquive al dolor será incapaz de amar. Pues sólo podrá amar aquel que se deje herir. En el llanto, la persona se abre al dolor, no para disfrutar de él sino para dejarse tocar por él, para entregarse a él en sí mismo y para elaborarlo. La psicología habla del trabajo de duelo y lamenta que las personas sean cada vez más incapaces de vivir el duelo. En el duelo, se elabora el dolor, se lo integra, se lo disuelve y así se lo cura.
A. G.