Cuando Dios calla

 

El silencio de Dios nos educa a escuchar aquello que Dios quiere de nosotros y nos impide darnos una respuesta a nosotros mismos. Nos desafía a abrirnos aún más al misterio de Dios y a permitir que Dios rompa nuestras imágenes hasta que nos abramos al verdadero Dios. Hay etapas en la oración donde padecemos la ausencia de Dios. Tenemos la sensación de estar hablando con una pared y de no obtener respuesta alguna. Sí, tenemos miedo de estar a solas con nosotros mismos en la oración. No podemos sortear rápidamente la ausencia de Dios, debemos soportarla. Por supuesto que Dios está presente, pero lo percibimos ausente porque no estamos nosotros mismos con nosotros, porque no estamos en la verdad.

Soportar la ausencia de Dios significa, por eso, volver a la verdad ante Dios, dejar de lado las propias proyecciones y descubrir el Dios totalmente diferente que está detrás de todas las ideas. Y significa que no podemos hacer nosotros mismos la oración, sino que estamos a expensas de que Dios venga. Es su propia decisión encontrarse con nosotros. Quizás demora el encuentro, porque no estamos aún en condiciones de encontrarnos con Él de verdad. Espera a que estemos listos para ir a su encuentro. Y la Biblia llama a esta preparación “conversión” –metonoein, cambio de pensamiento-, recuperar los pensamientos de la dispersión y volverlos a Dios. Dios no es un pensamiento entre muchos otros. Y no podemos ir a su encuentro si nos encontramos paseando con nuestros pensamientos fuera de nosotros. Debemos rescatar nuestros pensamientos y traerlos a nuestro corazón. Encontramos a Dios sólo en nuestro corazón. Soportar la ausencia de Dios significa regresar pacientemente una y otra vez a nuestro propio corazón para escuchar allí a Dios.
A. G.