La meditación previa

En la meditación previa, me concentro interiormente en mi trabajo. Me imagino lo que hoy me espera, con quiénes me reuniré, qué reuniones serán necesarias, etcétera. Y luego le pido a Dios su bendición. Le entrego mi trabajo y las personas con las que me encontraré. Esto me alivia la presión de tener que hacer todo yo mismo y del miedo ante situaciones difíciles, ante reuniones en las cuales están pendientes problemas que aparentan no tener solución. Por las mañanas, cuando me levanto, ofrezco todos los pensamientos que se cruzan por mi mente respecto del trabajo y le pido su bendición, entonces, el trabajo ya no me sobreexige desde la mañana temprano, sino que encaro el trabajo con más tranquilidad y más soltura.

Una forma de meditación previa es imaginarme el lugar concreto de mi trabajo y luego pensar: allí, en mi oficina, sentado a mi escritorio, en el taller, allí, Dios está presente. En su presencia estaré trabajando y hablando con las personas. ¿Cómo será el trabajo si lo hago, realmente,, en presencia de Dios? ¿Cómo serán mis gestos, cómo será mi lenguaje, en qué estaré pensando durante el día, qué sentiré, cuál será mi estado de ánimo, cómo reaccionaré ante mis colegas? Todo esto puede ayudarme a considerar mi puesto de trabajo, no como un ámbito extraño a Dios, sino como el lugar en el que me sé rodeado de la presencia de Dios.

La meditación previa no trabaja sobre la voluntad. No me propongo pensar todo el día en la presencia de Dios. Eso será una sobreexigencia que me terminaría decepcionando. En mi imaginación, me figuro cómo sería todo si yo estuviera en la presencia misma de Dios. Me imagino en posibilidades positivas. En la imaginación veo, pues, lo que hay realmente en mí. En cada uno, está la posibilidad de estar totalmente presente, de estar abierto para vivir el momento plenamente en presencia de Dios.
A. G.